El Amor Divino es
el único y verdadero amor. Lo que solemos llamar amor es, en realidad, un "amor del ego" o
"ego-amor", el cual se encuentra condicionado por intereses
personales. Amamos aquello que nos parece conveniente o provechoso, lo que nos
lleva a elegir qué amar y qué no.
Sin
embargo, ya somos Amor Divino. Ese es nuestro estado natural: EXISTENCIA,
CONSCIENCIA y PLENITUD DICHOSA (Sat-Chit-Ananda).
Pero este estado sublime se oculta a nuestro entendimiento debido a una
creencia: "Soy una
persona". Creemos ser un
ser independiente, un individuo separado del resto del Universo.
Cuando
nos identificamos como personas, surge la dualidad. Aparece la separación entre
"yo" y "los otros". Esta separación genera miedo: temor a
que otros nos hagan daño. En última instancia, ese temor se convierte en odio.
Solo
cuando comprendemos que no somos una persona individual, sino Consciencia ilimitada —la misma
que se manifiesta en todas las formas de existencia—, podemos empezar a amar de
manera natural, sincera y espontánea a todo y a todos.
En
ese momento, entendemos que todo
lo que vemos no es más que otra versión de nosotros mismos. No de nuestro
personaje limitado, sino de la Consciencia ilimitada que realmente somos.
Todo
lo que perciben nuestros sentidos, tanto en la vigilia como en los sueños, son
manifestaciones de nosotros mismos como Consciencia. Con esta profunda
realización, ahora nos reconocemos siendo todo; caemos en la cuenta de que todo lo que vemos son versiones
diferentes de nuestro mismo Ser.
"Amarás a tu prójimo
como a ti mismo" solo será
posible realizarlo cuando hayamos comprendido que "TODO eres tú mismo". Tú, como Consciencia
ilimitada, eres la fuente de todo el Universo, incluido el personaje limitado,
carente y mortal que ahora crees ser.
Cuando
decimos que amamos a Dios, desde la perspectiva humana, en realidad estamos
practicando un amor del ego: un
amor pedigüeño y convenenciero. Lo hacemos con el deseo de recibir favores
y protección. Por eso, Sathya Sai Baba nos enseñó que no basta con amar a Dios,
sino que, metafóricamente hablando, debemos también ser amados por Él.
Haciendo
referencia a un pasaje del Bhagavad Gita, el Maestro nos lo explicó de esta
bella forma:
"¿Cuándo recibimos verdaderamente la Gracia de Dios? El Señor
reveló que le complace la devoción de quienes buscan Su Gracia: 'El hombre devoto me es
querido'. El hombre puede decir con orgullo que ama a Dios, pero eso solo
lo lleva a la mitad del camino. No es suficiente. ¿Ha respondido Dios con 'él me es querido'? Solo
entonces podrá decir que ha alcanzado la Gracia".
Plotino
sentenció: "No se puede
conocer a Dios, solo se puede ser Dios". Y solo podemos serlo cuando
nos sentimos unidos a Él. Esta unión se comprende intuitivamente al trascender
nuestra identificación con el personaje finito. Lo único que impide sentir esta
unión es la mente: la mente
autolimitante es el obstáculo.
Ser
amados por Dios significa haber recibido la Gracia de reconocernos como Su
reflejo. Es darnos cuenta de que somos el Ser Absoluto manifestándose a través
de la Consciencia ilimitada en este mismo instante. Somos Dios soñando ser un personaje humano. Desde
esta perspectiva, podemos contemplar todo con claro entendimiento y dichosa
paz. Este estado de Consciencia es, a la vez, "la Gracia de Dios" y "el Verdadero
Amor".
— Gurumau —
En el siguiente enlace podrás escuchar en video la transcripción de esta publicación: https://www.youtube.com/watch?v=lEs4giBT95Q
.png)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario