sábado, 2 de mayo de 2026

EL DESEO Y LA FELICIDAD



El filósofo Epícteto pertenece a la corriente de los "estoicos" y muchas de sus ideas son coincidentes con la "Filosofía Advaita de la No Dualidad" y con el Curso de Milagros.

Una idea coincidente es la siguiente: "El deseo y la felicidad no pueden vivir juntos".

"Para Epicuro, Buda, los estoicos y muchas otras éticas, el deseo es el origen del sufrimiento. El deseo crea una dinámica en el hombre que lo hace estar en tensión. A la vez, el envés, (la cara opuesta) del deseo es el miedo a perder lo que se tiene" (Wikipedia).

Cuando escucha esto el ego, se alarma, se indigna, pega un brinco y empieza a dramatizar y a distorsionar:
- ¿Cómo es que no puede ser bueno desear?
- ¿Porqué va a ser malo desear si ello me ayuda a superarme?
- ¿Porqué voy a dejar de buscar lo que deseo? si alcanzar mis metas y objetivos me hace tan feliz.
- Si a mi me gusta desear intensamente ¿porqué debería dejar de hacerlo?
- Si dejo de desear quiere decir que me voy a condenar a vivir sin logros en mi vida.
- Etcétera, etc.

Los deseos van a seguir apareciendo natural y espontáneamente mientras el cuerpo viva, pero al descubrir que son una trampa, ya no nos vamos a enganchar a ellos, ni les vamos a tener la fervorosa devoción que hasta ahora les hemos profesado.

Tanto para el Advaita como para el Curso de Milagros, el deseo es una consecuencia de desconocer que nuestra naturaleza esencial es la plenitud misma.
Es la consecuencia de creer que somos nuestro cuerpo limitado, carente y mortal, el cual vive dentro de un mundo dominado por la escasez. Esto es aparentemente cierto, pero ontológicamente falso.

Así el deseo viene siendo el hijo -que la creencia en la escasez y el sentido de carencia- han engendrado.

Sólo puede desear quien se cree carente, escaso e incompleto, esto es, quien cree ser el cuerpo, quien cree ser un individuo separado y desamparado.

Sólo puede desear algo quien ha olvidado que ya lo es Todo.

El deseo también implica insatisfacción. Está insatisfecho aquel que no acepta las cosas como son. Así en el fondo todo deseo es una rebeldía. Es la no aceptación de lo que es. De lo que ya es. De lo que ya esta siendo.

Todo deseo por cambiar lo que ya está aconteciendo es un menosprecio al momento presente.

Los sabios han coincidido en afirmar que el único deseo válido es "el deseo de dejar de desear", o dicho de otro modo, "el deseo de dejar de ser esclavo del deseo". Esto es, albergar el deseo por la Liberación. (Por la liberación del sufrimiento).

Todo deseo implica un conflicto y genera sufrimiento.
Todo deseo nos lastima.

El Curso de Milagros nos dice que todos somos adictos, pues tenemos una fuerte adicción al conflicto, aunque este hecho nos pase desapercibido, o incluso lo consideremos una virtud.

Esta adicción al conflicto, es una adicción a no estar conformes ni aceptar lo que es, sino desear cambiar lo que naturalmente está sucediendo para que se ajuste a lo que nos gustaría que fuere.
Y todo conflicto es un obstáculo que nos impide gozar de la paz y dicha permanentes que ya se encuentran en la esencia de nuestro verdadero Ser. Esta paz y dichas intrínsecas sólo pueden florecer en una mente apacible que ha aprendido a trascender el conflicto.

Tanto el Curso de Milagros como el Advaita nos dicen que no nos pueden enseñar lo que es la Verdad, (pues ella se encuentra más allá de las palabras), pero lo que si pueden hacer es ayudarnos a remover los obstáculos para dicha verdad resplandezca y así podamos experimentarla.

La Verdad es el Ser, la Consciencia y la Bienaventuranza (Sat-Chit-Ananda).

Dentro del "Juego Cósmico" el ego -desempeñando el papel de antagonista del Ser- utiliza el deseo para distraernos y mantener nuestra atención volcada hacia afuera, impulsándonos a perseguir incesante y frenéticamente las cosas del mundo.

Así el ego nos promete que una vez que alcancemos ciertas cosas, lograremos estar en paz y ser dichosos. (la falsa promesa del ego).
De esta forma el ego evitará que llevemos la atención a nuestro interior y accedamos al "Reino de los Cielos", a nuestro verdadero hogar, en donde yace la fuente de la paz y la dicha permanentes.

Así la consigna del ego es: "BUSCA PERO NO HALLÉS".

Ponernos a buscar la paz y la dicha en las cosas del mundo, es ponernos a buscar donde éstas no se encuentran y es ponernos a correr en círculos de manera repetitiva, como el perro que busca morderse la cola.

Es un engaño, es una falsa creencia, es un gran error, creer que la felicidad se encuentra afuera en las cosas del mundo, cuando hemos probado y comprobado a lo largo de la vida, que éstas solo pueden brindarnos una felicidad transitoria y efímera.
Sin darnos cuenta que al obtener las cosas del mundo, obtenemos también -de manera concomitante- el miedo a perderlas.

La paz y dicha permanentes ya se encuentran en nuestra esencia, en la Verdad que somos. Solo falta que sean removidos los obstáculos que impiden su manifestación.

- Gurumau -

 

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